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El Papa Francisco, en su carta del 2 de febrero de 2015 a los presidentes de las Conferencias Episcopales y Conferencias de Superiores Mayores, escribió que la Comisión Pontificia para la Protección de Menores

 

"será un nuevo, válido y eficaz instrumento para ayudarme a animar y promover el compromiso de toda la Iglesia en sus diversos ámbitos —Conferencias Episcopales, diócesis, Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, etc.— para poner en práctica las actuaciones necesarias para garantizar la protección de los menores y adultos vulnerables".

 

Se facilita a las Conferencias Episcopales y las Congregaciones Religiosas este modelo de líneas guía para ayudarles a desarrollar e implementar políticas y procedimientos para la protección de los menores y adultos vulnerables contra el abuso sexual, responder a los abusos en la Iglesia y demostrar integridad en dicho trabajo.

 

Estas  líneas guía se basan en el trabajo emprendido por muchas Conferencias y en las orientaciones de la Carta Circular de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 3 de mayo de 2011. La Comisión espera poder ayudar a las Iglesias locales a establecer y mantener una serie exhaustiva de líneas guía locales para proteger a los menores y adultos vulnerables.

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MODELO DE LÍNEAS GUÍA

versión 2016.12
 
 

1. Declaración introductoria que establece las líneas guía en un contexto de fe.

La Comisión considera que es muy importante que la protección de los menores y adultos vulnerables sea vista como una parte integrante de la misión de la Iglesia, que está firmemente arraigada en nuestra convicción de que cada individuo tiene un valor único creado a imagen y semejanza de Dios. Esta sección de apertura debe dejar claro que todo lo que sigue está basado en el Evangelio.

 

 

2. Declaración de compromiso con los artículos 3 y 19 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.


La protección de los niños reconoce sus derechos humanos tal como se expresa en la Convención de las Naciones Unidas:

 

Artículo 3

“En todas las medidas concernientes a los niños que adopten las instituciones públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las autoridades administrativas o los órganos legislativos, una consideración primordial será el interés superior del niño.”

Artículo 19

1. “Los Estados Partes adoptarán todas las medidas legislativas,  administrativas,  sociales  y  educativas  apropiadas  para proteger al niño contra toda forma de violencia, lesiones, perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentra bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo.”

2. “Esas medidas de protección deberían incluir, si es necesario, procedimientos eficaces para el establecimiento de programas sociales, con objeto de proporcionar la asistencia necesaria al niño y a quienes cuidan de él, así como para otras formas de prevención y para la identificación, notificación, remisión a una institución, investigación, tratamiento y observación ulterior de los casos antes descriptos de maltrato infantil y, si corresponde, la intervención judicial.”

La Santa Sede es signataria de  esta Convención.

 

 

3. Declaración de compromiso de la Iglesia.

Ejemplo de declaración.

 

La Iglesia Católica se compromete a:

  • cuidar y educar, con respeto y ejerciendo el ministerio, a todos los niños, jóvenes y adultos;
  • proteger a todos los niños, jóvenes y adultos cuando son vulnerables;
  • crear comunidades seguras y solidarias que ofrezcan un entorno de amor donde haya una vigilancia informada sobre los peligros del abuso.

 

La Iglesia Católica lo hará:

  • Seleccionando y formando cuidadosamente a todos aquellos con alguna responsabilidad en la Iglesia, de acuerdo con las políticas de reclutamiento seguro que se detallan a continuación
  • Respondiendo a cada queja de abuso contra el personal de la Iglesia de acuerdo con los procedimientos acordados que se detallan a continuación
  • Procurando ofrecer un ministerio apropiado de cuidado pastoral a aquellos que han sufrido abuso.
  • Procurando ofrecer asistencia y apoyo pastoral, incluyendo supervisión y remisión a las autoridades apropiadas, a cualquier miembro de la comunidad eclesiástica que se sabe que ha cometido un delito contra un niño, joven o adulto vulnerable.

En todos estos principios se seguirá la legislación del país, la orientación apropiada y las buenas prácticas reconocidas.

 

 

4. Se declara que las líneas guía se aplican a toda la Iglesia en el territorio de la Conferencia Episcopal.

La Comisión recomienda encarecidamente que el ideal es lograr un sólo conjunto de líneas guía para la protección de los menores y adultos vulnerables al que se adhieran todas las Diócesis, órdenes religiosas y organizaciones católicas del territorio.

 

Debe quedar claro el alcance del territorio al que se aplican las líneas guía, en particular, cuando haya diferentes países y grupos dentro de una Conferencia. Además, debe incluir información sobre los idiomas en los que se han publicado las líneas guía y el material asociado.

 

 

5. Reclutamiento seguro

Las líneas guía deben incluir o referirse a los procedimientos a seguir en el reclutamiento de clérigos, religiosos, empleados y voluntarios.

El Papa San Juan Pablo II dijo que "no hay lugar en el sacerdocio ni en la vida religiosa para los que quieren hacer daño a los jóvenes". Los Obispos y los Superiores religiosos tienen "una responsabilidad específica para garantizar un discernimiento adecuado de las vocaciones" (CDF, Carta Circular 2011). Las líneas guía deberían reflejar esa responsabilidad e incluir la verificación de la identidad, la investigación de antecedentes (por ejemplo, chequeo con la policía o una agencia equivalente para la búsqueda de cualquier antecedente de registro criminal), evaluación de selección, uso de referentes.

Las líneas guía deben incluir procedimientos para asegurar que haya un intercambio completo de información cuando un clérigo busca transferirse de una Diócesis a otra, temporal o permanentemente. Debería haber procedimientos similares para los seminaristas y religiosos en formación que intentan trasladarse. Las líneas guía deberían establecer explícitamente el requisito de compartir plenamente toda la información para cualquier transferencia.

Las líneas guía también deben establecer procedimientos seguros de reclutamiento para aquellos empleados y voluntarios en la Iglesia. Estos deben incluir la verificación de identidad, controles con la policía o agencia equivalente para cualquier antecedente de registro criminal, entrevistas y evaluaciones, contactos con aquellos que hacen recomendaciones.

 

 

6. Formación y capacitación

Las líneas guía deben incluir el compromiso de proporcionar una formación humana y espiritual saludable para los futuros clérigos y religiosos.

Su capacitación debe incluir módulos específicos sobre el abuso sexual que abarquen temas como los daños causados a las víctimas por el abuso sexual, el impacto en las familias y en las comunidades, el reconocimiento de los signos de abuso o violencia, el ministerio con aquellos que han sido abusados y la creación de entornos seguros.

Se les debe dar a conocer sus propias responsabilidades en este sentido, tanto en el derecho civil como en el canónico.

Las líneas guía también deben incluir el compromiso de proporcionar capacitación, incluyendo formación sobre abuso sexual para todos los empleados y voluntarios que trabajan con menores y adultos en riesgo en nombre de la Iglesia.

Las líneas guía deben incluir un compromiso de formación permanente para sacerdotes, religiosos y empleados en el ministerio.

 

 

7. Crear un ambiente seguro en la Iglesia

Las líneas guía deberían incluir normas diocesanas claras y bien divulgadas sobre el comportamiento ministerial, incluyendo límites apropiados en las relaciones pastorales dadas a sacerdotes, religiosos, maestros, empleados, voluntarios y a todos aquellos que estén al servicio de la iglesia y que tienen acceso a menores y adultos vulnerables bajo el cuidado de la Iglesia. Éstos pueden incluirse en códigos de conducta, códigos de conducta ministerial, normas de comportamiento, así como políticas y procedimientos u otros documentos similares. Los códigos de conducta pueden abarcar apropiadamente acciones que no son ilegales de acuerdo con la ley estatal. Por ejemplo, pueden requerir que el personal evite el contacto solitario con los niños o que se aplique una edad mayor para las relaciones sexuales que la determinada por la ley estatal.

Las Diócesis deben crear y mantener programas de capacitación para alcanzar ambientes seguros. Se deben llevar a cabo en cooperación con los padres, autoridades civiles, educadores y organizaciones comunitarias para proporcionar educación y capacitación a los niños, jóvenes, padres, ministros, educadores, voluntarios y otras personas, sobre las maneras de crear y mantener un ambiente seguro para los menores y adultos vulnerables. Esta capacitación debe ser apropiada para la edad, incluyendo lo que es el abuso sexual y cómo identificarlo, así como identificar también las técnicas de seducción, y cómo reportar la sospecha de abuso sexual a las autoridades civiles y eclesiásticas. Una vez más, la capacitación debe ser apropiada para la edad de la persona que la recibe.

 

 

8. Crear conciencia y educación en la comunidad

Las líneas guía deberían incluir un compromiso con la educación de la comunidad en las parroquias y las escuelas, para ayudar a prevenir el abuso, crear un ambiente seguro y permitir un ministerio efectivo para aquellos que han sido abusados.

El uso de liturgias especiales, la inclusión de oraciones y homilías apropiadas pueden ser una parte importante de la concientización en la Iglesia. La Comisión está preparando una serie de materiales para ayudar en este sentido.

 

 

9. Responder a las denuncias de abuso

Las líneas guía deberían incluir políticas y procedimientos para responder a las denuncias y revelaciones de abuso en la Iglesia.

  • Estos deben basarse en un compromiso para establecer la verdad y trabajar hacia la curación.
  • Debe haber una declaración clara sobre el cumplimiento de los requisitos de las autoridades civiles y eclesiásticas. Cuando las Conferencias Episcopales incluyan más de un País o un País con una estructura federal, debería indicarse claramente que la Iglesia cumplirá con la autoridad pertinente. Esto debería incluir cualquier requisito civil sobre el deber de presentar una denuncia.
  • Al definir el abuso sexual, las líneas guía deberían referirse a la definición del motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela (SST).
  • Los procedimientos deben dejar claro que se aplican tanto al clero como a los religiosos.
  • También serán necesarios procedimientos para todos los empleados y voluntarios laicos que tengan acceso a menores y adultos vulnerables en el curso de su trabajo para la Iglesia. Si hubiera políticas y procedimientos separados para cada categoría de personal, todos ellos tendrían que agruparse en un solo documento, como un manual o una guía.
  • Debería haber una declaración explícita sobre la remisión de conductas delictivas a la policía o a la autoridad competente.
  • Serán necesarios procedimientos para investigar las denuncias que no se remitan a la policía - por ejemplo, cuando el acusado haya fallecido, o cuando el comportamiento denunciado no sea ilegal en la legislación estatal pero infrinja el código de conducta de la Iglesia, o cuando la policía haya investigado pero no tenga la intención de enjuiciar.
  • Los procedimientos de investigación deben ser sólidos y transparentes. La experiencia sugiere que éstos deberían incluir a personas laicas con experiencia adecuada y habilidades apropiadas para garantizar la independencia.
  • Debe haber el menor retraso posible cuando una persona quiera  hacer un informe y trate de reunirse con un representante de la Iglesia; tales reuniones deben llevarse a cabo en un ambiente que la persona que hace el informe considere aceptable.
  • Siempre debe haber una opción para que la persona que hace la denuncia hable con un laico, en vez de con un miembro del clero o un religioso.
  • Se debe animar a la persona que denuncia la violencia a que lleve consigo un acompañante de su elección cuando la presente.
  • Debería disponerse de una figura de apoyo para las personas que denuncien abusos, si así lo desean. La prioridad de la persona de apoyo es el bienestar de la persona que denuncia el abuso y, en caso necesario, de su familia. La persona de apoyo puede actuar como un vínculo con la Iglesia, proporcionar información sobre el progreso de la denuncia y aconsejar sobre el acceso a un apoyo apropiado, pero no es un asesor. La persona de apoyo debe ser alguien que comprenda bien los efectos del abuso infantil y, en particular, la vulnerabilidad de las personas en el momento de hacer una revelación. La persona que denuncia el abuso debe tener la opción de solicitar una persona de apoyo laica, en lugar de un miembro del clero o un religioso.
  • Las denuncias deben ser escuchadas con un espíritu de aceptación y confianza.
  • La doctrina de la reserva mental no debe ser utilizada como influencia con aquellos que reportan abuso, ya sean víctimas, o sus representantes.
  • Es muy importante que cualquier promesa de acción o contacto futuro hecho a un denunciante sea cumplida.
  • Los procedimientos deben incluir un apoyo adecuado a la persona acusada. Estos deben seguir los requisitos de la Ley canónica y del motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela para el clero y los requisitos de la Ley canónica para los religiosos. Para los empleados y los voluntarios, se deben seguir las disposiciones de los contratos de trabajo o acuerdos voluntarios.
  • Los procedimientos deben incluir medidas de precaución, tales como el retiro temporal del ministerio, y donde el acusado sea un clérigo (diácono, sacerdote, obispo), el proceso debe seguir los requisitos del motu proprio SST.
  • Los procedimientos deben establecer los resultados para los denunciantes.
  • Los procedimientos deben determinar cómo se compartirán los resultados de cada caso con los denunciantes, los fieles y el público.
  • Los procedimientos deben establecer los resultados para el acusado, y si el acusado es un clérigo, deben incluir las disposiciones del SST para la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
  • Los procedimientos deberían incluir disposiciones para que el denunciante y el acusado puedan requerir una revisión del resultado.
  • Las líneas guía deben dejar en claro que la Iglesia no desea ocultar las denuncias o comprar el silencio de las víctimas/sobrevivientes, y que las Diócesis y Congregaciones religiosas no deben entrar en acuerdos que obliguen a las partes a la confidencialidad, a menos que la víctima/sobreviviente la solicite, y esta petición se anote en el texto del acuerdo.

 

 

10.   Ministerio a personas gue han sufrido abuso

La Iglesia, en la persona del Obispo o de su delegado - el Superior Religioso o su delegado - debe estar preparada para escuchar a las víctimas y a sus familias, y para comprometerse con su asistencia espiritual y psicológica. Las Diócesis y las Congregaciones religiosas deben llegar a las víctimas/sobrevivientes y a sus familias y demostrar un compromiso sincero con su bienestar espiritual y emocional. La primera obligación de la Iglesia con respecto a las víctimas/sobrevivientes es la protección, la curación y la reconciliación. Cada Diócesis y Congregación religiosa debe continuar su acercamiento a toda persona menor de edad o un adulto vulnerable que haya sido abusada por aquellos que sirven en la Iglesia, ya sea que la violencia haya sido reciente o haya ocurrido muchos años antes. Esto puede incluir asesoramiento, asistencia espiritual, grupos de apoyo y otros servicios sociales acordados entre la víctima/sobreviviente y la Diócesis y/o Congregación religiosa.

A través del alcance pastoral a las víctimas/sobrevivientes y sus familias, el Obispo diocesano o su representante - el Superior religioso o su delegado - debe ofrecerse a reunirse con ellos y escuchar con paciencia y compasión sus experiencias e inquietudes.

 

 

11.   Ministerio para los abusadores

Las líneas guía también deben incluir una disposición que estipule que el ministerio debe ser ofrecido a los abusadores sexuales, incluyendo aquellos que han cometido violencia dentro de la Iglesia, de tal manera que cada aspecto sea consistente con la necesidad de proveer un ambiente seguro.

 

 

12.   Disposiciones en materia de supervisión y rendición de cuentas

A fin de asegurar la integridad de la Iglesia y sus medidas para la prevención y respuesta al abuso, las líneas guía deben incluir un sistema de monitoreo para su cumplimiento, y un procedimiento para asegurar que todos los resultados de ese cumplimiento se hagan públicos de manera oportuna. La estructura de monitoreo debe demostrar un liderazgo independiente e informado.

 

 

13.   Una declaración final de compromiso por parte de los Obispos y líderes religiosos.

Cada conjunto de líneas guía sólo puede ser eficaz si hay un compromiso de liderazgo eclesiástico que las apoye. Para que los miembros de la Iglesia y el público en general acepten y crean que la Iglesia Católica es sincera en crear y mantener un ambiente seguro para los menores y adultos vulnerables, cada Obispo y cada Superior Religioso debe afirmar su compromiso con este objetivo. Sin esta afirmación, las líneas guía serán sólo palabras en un pedazo de papel. Esto por sí solo, no mantendrá a salvo a los menores y a los adultos vulnerables.

 


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